13 de febrero de 2009

La balsa

Taur azul, el mar latiendo bajo la balsa donde me adormezco. A la deriva sobre los grandes árboles del fondo, sobre el carnaval de todos esos pájaros que atravesaban con sus trinos libres la verde malla de vida. Flotando incapaz sobre todos esos rincones secretos, sobre las veredas de otros tiempos, sobre la luz que un día creaste con tu risa.

(George Dmitriev, Luna y mar)

Hoy navego, cabeceo solo rodeado de este desierto marino, sobre el lomo ondulante de un soberbio y susurrante animal que apenas se compadece de mí. Navego hacia ninguna parte. Todo se aleja, lejanía es la palabra, lejanía y silencio.

Vivir de los desastres de mi biblioteca, ausente de tus ojos y expatriado de mi propio corazón.


2 de febrero de 2009

La luz oscura de tu pecho

Hubieras sido la oscuridad del teatro, la intimidad del silencio tras el vendaval de la música, pero fuiste el roce imaginado, la supuesta sonrisa tierna que se mira y sobrentiende, otra vez la justa compañía imaginada. Todo aquel sonido que recalaba en mi descarnada paciencia, y que me alzaba sobre mis zapatos y los misterios, hubiera sido luz oscura de tu pecho, la señal de lo incomprensible, la suerte de mi miseria; pero sólo fue una maravilla, un adorable sueño sin ti.

19 de enero de 2009

Música ambiente

Música: Az hit , de György Kurtág (Jean-Guihen Queyras, violoncello)

5 de enero de 2009

Las puertas aquí tan cerca

Es como flotar en un mar calmo y desabrido, en un magma insustancial que al tocar mis labios trae el sabor del tiempo, del tiempo inexorable. Me refiero a vivir así, con tu recuerdo, con tantas puertas tras las que está tu voz y que permanecen cerradas sólo porque ni tú ni yo las abrimos. Pienso en tus manos, en la cercanía de tus caricias, en tus besos delicados, y se torna incomprensible este silencio... justo hasta que abro los ojos.

Debí estar poseído por algún misterioso hechizo cuando, al poco de conocernos, decidí escribir nuestra historia, y decidí escribirla entera. Se ha ido cumpliendo al pie de la letra. Luego hemos ido añadiéndole detalles, otras profecías menores que tampoco han fallado. Pienso ahora en aquella sensación, que aún sostengo, de que algún día seré yo quien te necesite sin esperanza de tenerte, quien piense en ti como un trocito inalcanzable de cielo. Algún día hubo entonces en que te necesité por encima del umbral de lo sano, pero fueron instantes que se diluyeron en el curso controlado de nuestros sueños. Mi manía por el control creo que quedó más que justificada, y sólo tú, en tus accesos adorables de locura, podrías seguir denostando esa salvaguarda contra la destrucción de nuestro cariño, de ese cariño que aún sigue ahí, sin mancha ni desmedro, si acaso dormido entre sábanas de silencio...

En esa historia ya me referí a este silencio, lo predije necesario, sobre todo necesario para ti. Te pienso acosada por dos sentimientos encontrados: el deseo infantil de volar, de perderte en la noche de los días, de experimentar ojos, de paladear improvisados versos, de soñar mientras unas manos asombradas delinean tu piel con el fuego de la pasión; y el deseo de paz, de integración, de acomodar tus días a las necesidades de tus hijas, de montarles el escenario adecuado donde todas las rutinas funcionen con precisión, donde el deber te descargue de esa inmensa tarea que es estar viva todos los días. Hay que reconocer que, tal vez por las circunstancias y la mala suerte, nuestro amor se quedó en tierra de nadie, sin satisfacer ninguno de esos deseos tuyos. Sobrevivimos unos meses dejándonos llevar por la nostalgia, por impulsos ocasionales, por pura incapacidad de mirar las estrechas y simples puertas que nos separan sin ceder al antojo de abrirlas. Y así pintamos encuentros extraños, vaporosos, indefinidos, donde nada fue como siempre, en los que flotaba un cierto incienso de despedida.

Por fin, nos decidimos al silencio. Ni los aniversarios ni los finales de año, ni los antojos ni la fragilidad de las puertas han sido motivo suficiente para que hablemos. Llevamos meses sin una sola palabra, y nuestras vidas corren hacia adelante sin detenerse. La mía se hunde en mis incongruencias, y la tuya no dudo que sigue llena de fuerza y de divergencias entrañablemente infantiles. Se diría que andamos alejándonos, pero yo sé que ya nunca más podremos estar lejos, aunque el silencio dure toda la eternidad.

27 de diciembre de 2008

El hechizo de la luna

La luna es la fuente de todas las noches, el candil que ilumina nuestras verdades, el sol de esas vanidades que nos hicieron reír con el corazón.



RODOLFO 
O soave fanciulla, (¡Oh, tierna niña! )
o dolce viso (¡Dulce carita de bondad)
di mite circonfuso alba lunar (arropada por la luz de la luna!)
in te, vivo ravviso il sogno (Tú eres el sueño)
ch'io vorrei sempre sognar! (que siempre quise soñar!)

MIMÌ
(Mimì commossa) (Muy conmovida)
Ah, tu sol comandi, (¡Ah! ¡Todo lo que tú quieras,)
amor...! (amor...!)

RODOLFO
(cingendo con le braccia Mimì) (Estrechándola entre sus brazos)
Fremon già nell'anima (Tiembla mi alma,)
le dolcezze estreme. (por una extrema dulzura.)

MIMÌ 
(quasi abbandonandosi) (Casi abandonándose a él)
Oh! come dolci scendono (¡Oh! ¡Cuán dulces penetran)
le sue lusinghe al core... (tus palabras en mi corazón!...)
tu sol comandi, amore!... (¡Amor, sólo mandas tú!...)

RODOLFO
Nel bacio freme amor! (¡En mi beso palpita el amor...!)

(Bacia. Mimì) (Besa a Mimì)

MIMÌ 
(svincolandosi) (Desasiéndose)
No, per pietà! (¡No, por caridad!)

RODOLFO 
Sei mia! (¡Eres mía!)

MIMÌ 
V'aspettan gli amici... (Le esperan sus amigos...)

RODOLFO 
Già mi mandi via? (¿Quieres que me vaya?)

MIMÌ 
(titubante) (Titubeando)
Vorrei dir... (Quería decir...,)
ma non oso... (pero no me atrevo...)

RODOLFO 
(con gentilezza) (Con cortesía)
Di'. (Dilo.)

MIMÌ 
(con graziosa furberia) (Con una graciosa sonrisa pícara)
Se venissi con voi? (Y...¿si fuese con vosotros?)

RODOLFO
(sorpreso) (Sorprendido)
Che?... Mimì? (¿Qué? ¡Mimí!)


(insinuante)

Sarebbe così dolce restar qui... (Sería tan dulce quedarse aquí...)
C'è freddo fuori. (Hace frío ahí fuera)


MIMÌ 
(con grande abbandono) (Con sentimiento)
Vi starò vicina!... (Estaré a tu lado…)

RODOLFO 
(Aiuta amorosamente Mimì a mettersi lo scialle) (Amorosamente, ayuda a Mimí a ponerse el chal)
E al ritorno? (Y, ¿a la vuelta?)

MIMÌ 
(maliziosa) (Maliciosa)
Curioso! (¡Qué curioso!)

RODOLFO 
Dammi il braccio, mia piccina. (Dame tu brazo, pequeñita mía...)

MIMÌ 
(Dà il braccio a Rodolfo.) (Da el brazo a Rodolfo)
Obbedisco, signor! (¡Le obedezco, señor!)

(S'avviano sottobraccio alla porta d'uscita.) (Se van hacia la puerta tomados del brazo)

RODOLFO 
Che m'ami di'... (Que me amas... dímelo...)

MIMÌ 
(con abbandono) (Entusiasmada)
Io t'amo! (¡Yo, te amo...!)

(Escono) (Se van)

RODOLFO , MIMÌ
Amor! Amor! Amor! (¡Amor! ¡Amor! ¡Amor!)

(Tomado de Kareol, http://www.terra.es/personal/ealmagro/boheme/acto1.htm)

17 de diciembre de 2008

Lágrima de aire

No, no tengo nadie a quien contarle. Me siento tan solo, asfixiado en una dulce trampa de incomprensión. Incluso a ti debo hablarte en silencio, callando lo que digo, demorando quién sabe si eternamente este falso alivio de contarle a tu sólida ausencia. A nadie puedo decirle, y nadie podría hacer nada por mí ni por el fin de mis pesares. Ella se encuentra a años luz de mis laberintos, y mis hijos son las cavidades de mi corazón, que a la vez me permiten vivir y me condenan a hacerlo.

El cansancio me abruma demasiado como para desmenuzarte el problema, como para volver a dibujar los detalles abstrusos de esta historia. Nadie puede escapar de su pasado, tal vez sólo suavizarlo, y ella no es diferente.

Cada día me cuesta más trabajo escribir…

Coincidencias

Nuestra vida no tenía adentros. Estábamos afuera y éramos otros. Nos desconocíamos, como si hubiéramos aparecido a nuestras almas después de un viaje a través de los sueños…

(…)

Vivimos allí un tiempo que no sabía transcurrir, un espacio que nadie podría imaginar cómo medir.

(…)

Desengañémonos, amor mío, de la vida y sus modos. Huyamos de ser nosotros… No saquemos del dedo el anillo mágico que llama, al moverlo, a las hadas del silencio y a los elfos de la sombra y a los gnomos del olvido…

(…)

Nuestra vida era toda la vida… Nuestro amor era el perfume del amor… Vivíamos horas imposibles, llenas de ser nosotros… Y esto porque sabíamos, con toda la carne de nuestra carne, que no éramos una realidad…

(…)

Acabaron de arder, amor mío, en el hogar de nuestra vida, los troncos de nuestros sueños…


(En la floresta de la enajenación, en el Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa)

Muerto agradecido

José Antonio me hablaba de ellos continuamente, pero yo los rechazaba por blandos. Tengo que contártelo a ti, o a tu fantasma, porque ahora no tengo nadie a quien contárselo. El otro día los volví a escuchar en el coche, no recuerdo bien dónde iba, y si tuviera ahora a José Antonio delante le reconocería, por enésima vez, su buen gusto en música, y le estaría tan agradecido, como ese muerto de la historia, por haberme hecho tanto bien. Además, en tu risa, en tus gestos, encontré tantas veces los suyos, como si hubieses venido a cumplir mi destino… Otro más de tus embrujos.

Necesitaba contárselo a alguien, pero no tengo a quién, y estando tú ahí, silenciosa como la noche…



15 de diciembre de 2008

La luna más grande del año

Música: Guárdame, de Javier Ruibal

11 de diciembre de 2008

Fisiología del descanso

Al salir esta tarde creí entender por qué hoy me acordé de ti varias veces, así, veladamente, como si no fueras realmente un recuerdo sino un pequeño dolor de corazón o una caricia inesperada. Una luna redonda y apetitosa lucía en el cielo aún encendido de la tarde, augurando brillos y éxitos nocturnos a los que yo no asistiría. Reconozco que el camino de vuelta, ya anochecido, no me deparó una sola visión más de la luna llena…

También por la tarde había comenzado a leer un manual de fisiología. Ah, la fisiología fue mi gran gusto cuando estudiaba medicina: indagar en la apasionante maquinaria corporal hasta lo microscópico, observar cómo todos esos mecanismos y esas sustancias, yendo de acá para allá, cuidaban de las células, que a su vez trabajaban afanosas cumpliendo labores inteligentísimas, y siempre con el peligro de sucumbir a los desequilibrios de los sistemas de control, de caer en algún proceso de retroalimentación positiva incontrolado e irse a hacer puñetas, quién sabe si arrastrando a las demás células y a uno mismo con ellas. Leyendo el manual, pensé por un momento que aquella era la lectura que necesitaba, párrafos enteros rebosantes de mecanismos cuya fría previsibilidad se compensaba con el cálido arte de su ingeniería, con esa elegante forma en que se engarzaban desde los diminutos trasiegos osmóticos de iones y nutrientes a través de la membrana celular, hasta la propia y eminente consciencia. Si indagaba en las razones nanométricas de mi consciencia tal vez podría ser un poquito más inconsciente, olvidarme de mis olvidos inevitables, mostrarme incapaz de recordar mis renuncias, y así diluirlas como hechos poco dignos de la agradecida bioquímica o de la más que depurada biofísica. Y podría olvidarme de ti y de todos los sueños prohibidos.